CAPÍTULO II. LA ESTATUA DE CONDILLAC
[5.] Supone Condillac una estatua ? la cual anima sucesivamente, concedi?ndole un sentido despues de otro; y comenzando por el olfato dice: «Los conocimientos de nuestra estatua, limitada al sentido del olfato, no pueden extenderse sino ? los olores: no puede tener ideas de extension, ni de figura, ni de nada que est? fuera de ella, ni otras sensaciones como el color, el sonido, el sabor.» (Cap. 1). Si ? la estatua no se le concede, como la hip?tesis lo exige, ninguna actividad, ninguna facultad, excepto la de sentir el olor, es cierto que no podr? tener ninguna otra idea, ni sensacion; y aun se puede a?adir, que la sensacion del olor no ser? para ella ninguna idea.
«Si le presentamos una rosa, contin?a Condillac, ser? para nosotros una estatua que siente una rosa; mas para s? misma, solo ser? el mismo olor de la rosa. Ser? pues olor de rosa, de clavel, de jazmin, de violeta, segun los objetos que obrar?n sobre su ?rgano; en una palabra; los olores con respecto ? ella, no son mas que sus modificaciones propias ? maneras de ser, y no podria creerse otra cosa, siendo estas las ?nicas sensaciones de que es susceptible.»
[6.] Si bien se observa, ya en los primeros pasos, se hace dar ? la estatua un gran salto. A vueltas de la aparente simplicidad del fen?meno sensible, se introduce ya uno de los actos que suponen el entendimiento muy desarrollado: la reflexion. Ya la estatua se cree algo, se cree olor; ya se le atribuye pues la conciencia del yo, comparativamente ? la impresion que recibe; ya se le hace emitir una especie de juicio, en que afirma la identidad del yo con la sensacion. Esto es imposible, si no hay mas que la sensacion enteramente sola. Entonces no hay ni puede haber nada mas que aquella impresion puramente pasiva. Es un fen?meno aislado, sobre el cual no hay reflexion de ninguna clase; la estatua no tiene otra conciencia de s? misma que esta sensacion; pero esta conciencia no es digna de tal nombre en el ?rden reflexivo. La hip?tesis de Condillac, aplicada en todo rigor, no ofrece mas que un fen?meno que no puede conducir ? nada; desde el momento en que sale de la sensacion para desenvolverla, admite en el esp?ritu una actividad distinta y muy diferente de la sensacion, y arruina todo su sistema.
La estatua limitada ? la sensacion del olor, no se creer? olor; esta creencia es un juicio, supone comparacion, y nada de esto se halla en el fen?meno sensible, considerado en toda su pureza, como lo exige la hip?tesis de Condillac. Este fil?sofo comienza sus investigaciones anal?ticas, introduciendo condiciones, que ?l mismo supone eliminadas: quiere explicarlo todo, con la sensacion sola; y desde sus primeros pasos, combina esta sensacion con operaciones de un ?rden diferente.
[7.] La capacidad de sentir aplicada ? la impresion recibida, la llama Condillac atencion. Si no hay mas que una sensacion, no habr? mas que una atencion; pero si las sensaciones se suceden con variedad dejando rastro en la memoria de la estatua, cuando se presente una nueva sensacion, la atencion se dividir? entre la actual y la pasada. La atencion dirigida simult?neamente ? dos sensaciones, es la comparacion. Con la comparacion se percibir?n las semejanzas ? diferencias; esta percepcion es el juicio. Todo esto se hace con sensaciones solas; luego la atencion, la memoria, la comparacion, el juicio, no son mas que la sensacion trasformada. En apariencia nada mas sencillo, mas claro, mas verdadero; en realidad nada mas confuso, mas falso.
[8.] Por el pronto, la definicion de la atencion es inexacta. La capacidad de sentir, por el mero hecho de estar en ejercicio, se halla aplicada ? la impresion: no se siente, cuando la facultad sensitiva no est? en ejercicio; y no est? en ejercicio, si no est? aplicada ? la impresion. En este concepto, la atencion no seria mas que el acto de sentir: toda sensacion seria atencion; y toda atencion sensacion: nadie ha dado jam?s ? estas palabras semejante significado.
[9.] La atencion es la aplicacion del ?nimo ? alguna cosa: y esta aplicacion supone el ejercicio de una actividad, concentrada sobre un objeto. Cuando el esp?ritu se halla enteramente pasivo, no atiende, hablando con propiedad; y respecto de las sensaciones, hay atencion, cuando por un acto reflejo conocemos que sentimos. Si no hay este conocimiento, no hay verdadera atencion, y s? ?nicamente sensacion mas ? menos viva, segun el grado con que est? afectada nuestra sensibilidad. Si ? las sensaciones muy vivas, se las quiere llamar atencion, el uso de la palabra ser? impropio; cabalmente, los que sienten con mas viveza, suelen distinguirse por su falta de atencion. La sensacion es la afeccion de una facultad pasiva; la atencion es el ejercicio de una actividad; y as? es que los brutos no participan de ella, sino en cuanto encierran un principio de actividad para dirigir ? un objeto determinado sus facultades sensitivas.
[10.] La percepcion de la diferencia de los olores de rosa y de clavel, ?es una sensacion? Si se me dice que n?, infiero que el juicio no es la sensacion trasformada; pues no es ni siquiera sensacion; si lo es, entonces observo que si es la del clavel, ? la de la rosa, se sigue que con una sola de estas sensaciones, tendr? la percepcion comparativa, lo que es absurdo. Si se me dice que es las dos juntas, contesto que esto, ? no significa nada para la cuestion, ? expresa un absurdo. Porque, si al decir que es las dos sensaciones juntas, se quiere dar ? entender lo que significan las palabras en su rigor, tendremos una sensacion que ser? al mismo tiempo la de clavel y la de rosa, permaneciendo aquella distinta de esta, por exigirlo as? la comparacion. Pero si se quiere dar ? entender que las dos sensaciones existen juntas, nada adelantamos, pues esto lo d?bamos ya por supuesto; y la dificultad estaba en explicar c?mo la coexistencia producia la comparacion y el juicio, ? sea la percepcion de la diferencia.
La sensacion de clavel no es mas que sensacion de clavel, y la de rosa, de rosa. Desde el momento que se las compara, y se supone en el esp?ritu un acto por el cual percibe la diferencia, se le atribuye algo mas que la pura sensacion, se le a?ade una facultad distinta de la de sentir, esto es, la de comparar las sensaciones y apreciar sus semejanzas y diferencias.
[11.] Esa comparacion, esa fuerza intelectual que lleva los dos extremos ? un terreno comun, sin confundirlos; que ve el punto en que se tocan, y el en que se separan, que falla por decirlo as? entre ellos, es distinto de la sensacion; es efecto de una actividad de otro ?rden: su desarrollo depender? de las sensaciones como de una condicion sine qua non, como de causas excitantes; pero nada tiene que ver con las sensaciones mismas, es esencialmente distinta de ellas, no puede confundirse con ellas, sin destruir la idea de la comparacion, sin hacerla imposible.
No hay juicio posible, sin las ideas de identidad ? semejanza; y estas ideas no son sensaciones. Las sensaciones son hechos particulares que no salen de su esfera, que no se aplican de un caso ? otro; las ideas de identidad y semejanza envuelven algo de comun, que se aplica ? muchos.
[12.] ?Qu? le suceder? pues ? un ser limitado ? la facultad de experimentar varias sensaciones? Las tendr? sin compararlas. Cuando sentir? de un modo, no sentir? de otro, la una sensacion no ser? la otra, es cierto; pero el ser sensible no se dar? cuenta de la variedad. Las unas sensaciones vendr?n en pos de las otras, sin ser comparadas entre s?. Aun suponiendo la memoria de ellas, esa memoria no ser? mas que una repeticion de las mismas, con menos intensidad. Si se admite que el ser sensible las compara, y que percibe sus relaciones de identidad ? distincion, de semejanza ? diferencia; se admiten ya una serie de actos reflejos, que no son sensaciones.
[13.] Ni la memoria de las sensaciones propiamente dicha, puede explicarse por ellas solas; y en esto se equivoca tambien Condillac. La sensacion de olor de rosa que la estatua recibi? ayer, puede recordarla hoy; pero este recuerdo puede ser de dos maneras: 1.? reproduci?ndose interiormente la sensacion sin ninguna causa externa, y sin ninguna relacion ? tiempo pasado, ni por consiguiente ? la existencia anterior de una sensacion semejante; entonces el recuerdo no es para la estatua un recuerdo propiamente dicho, solo es una sensacion mas ? menos viva; 2.? reproduci?ndose con relacion ? una existencia de la misma, ? otra semejante en un tiempo anterior, en lo que consiste esencialmente el recuerdo; y entonces ya hay algo mas que sensacion: hay las ideas de sucesion, de tiempo, de anterioridad, de identidad ? semejanza, todas muy distintas de la sensacion, y no solo distintas sino separables.
Dos sensaciones enteramente distintas pueden referirse ? un mismo tiempo en la memoria; el tiempo pues ser? id?ntico y las sensaciones distintas. La sensacion puede existir sin recuerdo del tiempo en que antes existia, y hasta sin ningun recuerdo de que haya existido; luego la sensacion no envuelve la relacion del tiempo; luego estas son cosas distintas, muy diferentes; luego se enga?a Condillac, cuando quiere explicar la memoria de las sensaciones por sensaciones puras.
[14.] Las reflexiones anteriores arruinan enteramente el sistema de Condillac. O admite algo mas que sensaciones ? n?; si lo primero, peca contra su supuesto principal; si lo segundo, no le es posible explicar ninguna idea abstracta, ni aun la memoria sensitiva; se ver? pues reducido ? admitir con Locke la reflexion sobre las sensaciones, y por la misma razon, otras facultades del alma.
[15.] Compr?ndese f?cilmente lo que han sostenido algunos fil?sofos de que todas nuestras ideas vienen de los sentidos, entendi?ndose que las sensaciones despiertan nuestra actividad interior, y ofrecen por decirlo as?, los materiales ? la inteligencia; pero no se comprende c?mo se ha podido dar por cosa cierta, clara, sumamente sencilla, que en nuestro esp?ritu no hay mas que esos materiales, las sensaciones. Basta fijar un momento la atencion sobre nuestro interior para descubrir muchos fen?menos distintos de la sensacion, y varias facultades que nada tienen que ver con la sensitiva. Si Condillac se hubiese limitado ? sostener que esas facultades para desenvolverse, han menester el sentir como una especie de excitacion, nada hubiera dicho que no fuera muy conforme ? la sana filosof?a; pero pretender que todo lo excitado, que todo lo desenvuelto, no es mas que el mismo principio excitante, y esto empe?arse en confirmarlo con la observacion, es contrariar abiertamente la observacion misma, es condenarse ? no poder dar un paso en la explicacion de la actividad intelectual, so pena de apartarse del supuesto en que se estriba. Sin embargo, el autor del Tratado de las sensaciones parece estar muy satisfecho de su sistema: impresion actual, h? aqu? la sensacion; recuerdo de la sensacion, h? aqu? la idea intelectual: esto si no es s?lido es alucinador; con la apariencia de una observacion delicada, se detiene en la superficie de las cosas, y no fatiga al disc?pulo. Todo sale de la sensacion: pero es porque Condillac hace hablar ? la estatua, del modo que ? ?l le parece bien, sin atenerse ? la hip?tesis de la sensacion sola.
[16.] Este sistema, ? mas de su flaqueza filos?fica, es funesto ? las ideas morales. ?Qu? es la moral, si no hay mas ideas que las sensaciones? ?Qu? son los deberes, si todo se reduce ? necesidades sensibles, ? placer ? dolor? ?Qu? es de Dios, qu? es de todas las relaciones del hombre para con Dios?
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