CAPÍTULO XII. El SENSUALISMO DE KANT

[80.] Kant asegura que mientras estamos en la presente vida solo tenemos intuicion sensible, y considera dudosa la posibilidad de una intuicion puramente intelectual, ya sea para nuestro esp?ritu, ya sea para otros. Como por otra parte, segun hemos visto ya (Cap. IX), Kant no atribuye ningun valor ? los conceptos separados de la intuicion, se infiere que el fil?sofo aleman, no obstante sus largas disertaciones sobre el entendimiento puro, es profundamente sensualista; y que el autor de la Cr?tica de la razon pura y el del Tratado de las sensaciones, distan entre s? mucho menos de lo que pudiera parecer ? primera vista. Si nuestro esp?ritu no tiene mas intuicion que la sensible, y los conceptos del entendimiento puro son formas enteramente vac?as mientras no encierran una de dichas intuiciones; si cuando se prescinde de estas solo se encuentran en el entendimiento funciones puramente l?gicas, que nada significan, que de ningun modo merecen el nombre de conocimiento, resulta que en nuestro esp?ritu no hay mas que sensaciones, las que se pueden distribuir ordenadamente en los conceptos, como si dij?ramos en una especie de casillas donde se registran y conservan. Segun esta teor?a, el entendimiento puro queda reducido ? tan poca cosa, que hubiera podido admitirle el mismo Condillac.

[81.] En efecto: en el sistema de la sensacion trasformada se supone en el esp?ritu una fuerza trasformadora; pues de otro modo no seria posible explicar todos los fen?menos ideol?gicos por la mera sensacion; y hasta el t?tulo del sistema resultaria contradictorio. Ahora bien: ?hubiera tenido Condillac ningun escr?pulo sensualista, en admitir la s?ntesis de la imaginacion, las relaciones de todas las intuiciones sensibles ? la unidad de la apercepcion, y por fin la variedad de funciones l?gicas para clasificar y comparar las intuiciones sensibles? Parece que antes por el contrario el fondo de estas doctrinas se halla en el sistema del fil?sofo franc?s, cuyo principio fundamental se cifraba en no ver en el esp?ritu mas que sensaciones, sin negar por esto una fuerza capaz de trasformarlas, clasificarlas y generalizarlas.

[82.] H? aqu? pues un nuevo quebranto para la originalidad del fil?sofo aleman: al combatir el sensualismo habia dicho en substancia lo mismo que repitieron siglos antes todas las escuelas (V. Cap. VIII); y luego, queriendo seguir un nuevo camino para explicar el ?rden intelectual puro, vuelve ? caer en el sistema de Condillac: sus conceptos vac?os, sin significado, sin aplicacion ninguna fuera del ?rden sensible, no dicen nada mas de lo que ense?a Condillac al analizar la generacion de las ideas, explicando c?mo estas dimanan de la sensacion, por medio de trasformaciones sucesivas. Si alguna dificultad pudiera haber, versaria sobre los nombres, n? sobre las cosas: ningun sensualista debe tener inconveniente en adoptar por entero la Cr?tica de la razon pura, cuando haya visto las aplicaciones que hace de sus doctrinas el espiritualista aleman. Seria de desear, que se penetrasen de estas observaciones los que nos presentan enf?ticamente el espiritualismo de Kant arruinando el sensualismo de Condillac.

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