CAPÍTULO IV. LA IDEA Y EL ACTO INTELECTUAL
[21.] Demostrado que las ideas geom?tricas no son las representaciones sensibles, resulta tambien demostrado de toda clase de ideas. Si en algunas podia haber dificultad, era sin duda en las relativas ? la geometr?a, pues estas tienen objetos que se prestan ? ser representados sensiblemente; cuando los objetos no son figurados, no pueden ser percibidos por ningun sentido; hablar entonces de representacion sensible, es incurrir en una contradiccion.
[22.] Estas consideraciones tiran una l?nea divisoria entre el entender y el imaginar; l?nea que tiraron todos los escol?sticos, l?nea que conservaron, y por decirlo as?, marcaron mas Descartes y Malebranche, l?nea que comenz? ? borrar Locke, y que hizo desaparecer Condillac. Todos los escol?sticos reconocieron esta l?nea; pero as? ellos como muchos otros emplearon un lenguaje que mal entendido, era muy ? prop?sito para contribuir ? borrarla. A toda idea la llamaron im?gen del objeto; explicaron el acto de entender, cual si en el entendimiento hubiese una especie de forma que expresase el objeto, como el retrato delante de los ojos ofrece ? estos la im?gen de la cosa retratada. Este lenguaje dimana de la continua comparacion que naturalmente se hace entre el entender y el ver. Cuando los objetos no est?n presentes, nos valemos de retratos; y como los objetos en s? mismos no pueden estar presentes ? nuestro entendimiento, se concibi? una forma interior que hiciese las veces de un retrato. Por otra parte, las ?nicas cosas que se prestan ? representacion propiamente dicha, son las sensibles; el ?nico caso en que hallamos dentro de nosotros esa forma en que se retratan los objetos es el de la representacion imaginaria; y as? era peligroso que ? esta se le llamase idea, y ? toda idea representacion imaginaria, en lo que consiste el sistema de Condillac.
[23.] Santo Tom?s llama ? las representaciones de la imaginacion, phantasmata, y dice que mientras el alma est? unida al cuerpo no puede entender sino per conversionem ad phantasmata, esto es, sin que preceda y acompa?e al acto intelectual la representacion de la fantas?a, que sirve como de material para la formacion de la idea, y de auxiliar para aclararla y avivarla. La experiencia nos ense?a de continuo que siempre que entendemos, se agitan en nuestra imaginacion formas sensibles relativas al objeto que nos ocupa. Ya son las im?genes de la figura y color del objeto, si este los tiene; ya son las im?genes de aquellos con que se le puede comparar; ya son las palabras con que se expresa en la lengua que habitualmente hablamos. As?, hasta pensando en Dios, en el acto mismo en que afirmamos que es esp?ritu pur?simo, se nos ofrece en la imaginacion bajo una forma sensible. Si hablamos de la eternidad, vemos al anciano de d?as, tal como lo hemos visto representado en los templos; si de la inteligencia infinita, nos imaginamos quiz?s un pi?lago de luz: si de la infinita misericordia, nos retratamos un semblante compasivo; si de la justicia, un rostro airado. Al esforzarnos por concebir algo de la creacion, se nos representa un manantial de donde brotan la luz y la vida, as? como la inmensidad, la sensibilizamos tambien en una extension sin l?mites.
La imaginacion acompa?a siempre ? la idea, mas no es la idea; y la prueba evidente ? irrefragable de la distincion y diferencia de estas cosas, se halla en que si en el acto mismo de tener la imaginacion de un pi?lago de luz, de un anciano, de un rostro airado ? compasivo, de manantial, de extension etc. etc., se nos pregunta si Dios es algo de aquello, si tiene algo de parecido ? nada de aquello, responderemos al instante que n?, que esto es imposible; lo que demuestra la existencia de una idea que nada tiene que ver con aquellas representaciones, y que esencialmente excluye lo que ellas incluyen.
[24.] Lo dicho de la idea de Dios es aplicable ? muchas otras. Apenas entendemos nada, sin que entre como un elemento indispensable la idea de relacion; ?y c?mo se representa la relacion? En la imaginacion de mil maneras, como punto de contacto de dos objetos, como hilos que los unen; pero ?la relacion es algo de esto? n?. Al pregunt?rsenos en qu? consiste, ?tenemos ni el menor asomo de duda de que pueda ser algo de esto? n?.
[25.] El llamar ? toda idea im?gen, es un error, si se quiere concebir la idea como algo distinto del acto intelectual, y que se ponga delante del entendimiento, cuando este ha de ejercer sus funciones. Im?gen es lo que representa, como semejanza; y yo pregunto, ?c?mo se sabe que exista esta representacion ? semejanza? ?c?mo se sabe que para entender, necesitamos una forma interior, que sea como un retrato del objeto? ?Qu? es retrato, cuando se sale del ?rden sensible? En el ?rden intelectual, hay semejanzas, pero n? en el sentido en que las tomamos en el ?rden material. Yo entiendo, otro hombre entiende tambien; en esto tenemos una semejanza, pues que se halla en el uno lo mismo que en el otro, n? id?ntico en n?mero, sino en especie. Pero esta semejanza es de un ?rden muy diferente de las sensibles.
[26.] Al entender, conocemos lo que hay en el objeto entendido; pero no sabemos si esto se hace por el simple acto del entendimiento, sin necesidad de un medio representativo por la semejanza. Entendemos la cosa, n? la idea, y tanta dificultad encuentro en que el entendimiento perciba sin la idea, como en que la supuesta representacion se refiera al objeto. ?C?mo es que mi idea se refiere ? un objeto? si por s? misma, luego ella por s? sola, siendo puramente interior, se refiere ? lo exterior, me pone en relacion con lo exterior sin necesidad de ningun intermedio. Lo que hace ella, tambien lo podr? hacer el acto intelectual por s? solo. Si la relacion de la idea con el objeto, me viene por otra idea, tengo sobre la intermedia la misma dificultad que sobre la primera. De todos modos siempre llegamos ? un caso en que se hace la transicion del entendimiento al objeto sin intermedio.
Si tengo ? la vista un objeto im?gen de otro desconocido, ver? el objeto en s? mismo, pero sin conocer que tiene relacion de im?gen, hasta que me lo digan; conocer? su realidad, mas n? su representacion. Lo propio suceder? en las ideas-im?genes: luego nada explican para hacer el tr?nsito del acto interior al objeto, pues no encontramos que ellos puedan hacer para s?, lo que se quiere que hagan para el entendimiento.
[27.] En el acto intelectual hay algo misterioso que el hombre procura explicar de mil modos, sensibilizando lo que experimenta all? en su interior. De aqu? tantas locuciones metaf?ricas; ?tiles, si solo se emplean para llamar y fijar la atencion, y darse ? s? propio cuenta del fen?meno; nocivas ? la ciencia, si sac?ndolas de estos l?mites, se olvida que son met?foras, y que jam?s pueden confundirse con la realidad.
Por la inteligencia vemos lo que hay en las cosas; experimentamos el acto perceptivo, pero al reflexionar sobre ?l andamos ? tientas, como si en el manantial mismo de la luz hubiese una densa nube que nos impidiese verle con claridad. As? el firmamento est? ? veces inundado con la luz del sol, mientras el astro cercado de nubes se oculta ? nuestros ojos, sin que podamos ni aun determinar su posicion en el horizonte.
[28.] Una de las causas de la oscuridad en esta materia es el mismo esfuerzo que se hace por aclararla. El acto de entender es sumamente luminoso en su parte objetiva, pues por ?l vemos lo que hay en los objetos; pero en su naturaleza subjetiva, ? en s? mismo, es un hecho interno simple, que no puede explicarse con palabras. Esto no es una particularidad del acto intelectivo, conviene ? todos los fen?menos internos. ?Qu? es ver, gustar, oir; qu? es una sensacion, un sentimiento cualquiera? Es un fen?meno interno, del cual tenemos conciencia, que no podemos descomponer en partes explicando la combinacion de estas por medio de un discurso. Indicamos el fen?meno con una palabra, pero esta palabra nada significa para quien no le experimenta tambien, ? no le ha experimentado alguna vez. Todas las explicaciones del mundo no harian entender al ciego de nacimiento lo que es un color, ni al sordo lo que es un sonido.
El acto intelectivo pertenece ? esta clase: es un hecho simple que podemos designar, mas n? explicar. La explicacion supone varias nociones cuya combinacion se expresa en el discurso; en el acto intelectivo no las hay: cuando se ha dicho pensar ? entender, se ha dicho todo. Esta simplicidad no se destruye por la multiplicidad objetiva; tan simple es el acto con que se percibe un solo objeto, como otro con que se comparan dos ? mas. Si no es posible hacerlo todo en un acto, resultan muchos; pero al fin hay uno que se enlaza con ellos, ? los resume, mas n? un acto compuesto.
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