CAPÍTULO XIII. EXISTENCIA DE LA INTUICION INTELECTUAL PURA
[83.] No es verdad que el esp?ritu humano, aun en esta vida, no tenga mas intuicion que la sensible. En nuestro interior hay muchos fen?menos no sensibles, de los cuales tenemos conciencia muy clara. La reflexion, la comparacion, la abstraccion, la eleccion y todos los actos del entendimiento y de la voluntad, nada encierran de sensible. Curioso fuera saber ? qu? especie de sensibilidad pertenecen las ideas abstractas y los actos con que las percibimos; as? como esos otros: yo quiero, no quiero, elijo esto, mas quiero esto que aquello. Ninguno de dichos actos puede ser presentado en intuicion sensible; son hechos de un ?rden superior ? la esfera de la sensibilidad, y que sin embargo est?n presentes ? nuestro esp?ritu en una conciencia clara, viva; reflexionamos sobre ellos, los tomamos por objetos de nuestros estudios, los distinguimos perfectamente entre s?, los clasificamos de mil maneras. Estos hechos nos son presentados inmediatamente; los conocemos, n? por discurso, sino por intuicion: luego no es verdad que la intuicion del alma solo se refiera ? fen?menos sensibles, pues que dentro de s? misma encuentra una dilatada serie de fen?menos no sensibles, que le son dados en intuicion.
[84.] Nada vale el decir que estos fen?menos internos son formas vac?as que nada significan, sino en cuanto se refieren ? una intuicion sensible. Sean lo que fueren, son algo distinto de la misma intuicion sensible; y este algo lo percibimos nosotros, n? por discurso sino por intuicion: luego ? mas de la intuicion sensible, hay otra del ?rden intelectual puro.
La cuestion no est? en si estos conceptos puros tienen ? n? algun valor para hacernos conocer los objetos en s? mismos: tr?tase ?nicamente de saber si existen y si son sensibles. Que existen es cierto; as? lo atestigua la conciencia, as? lo confiesan todos los ide?logos; que sean sensibles no puede sostenerse, sin destruir su naturaleza; y menos que nadie puede sostenerlo Kant, puesto que con tal cuidado distingue entre la intuicion sensible y dichos conceptos.
[85.] Ese pi?lago de fen?menos no sensibles que experimentamos en nuestro interior, es como un espejo en que se reflejan las profundidades del mundo intelectual. Es verdad que los esp?ritus no se presentan inmediatamente ? nuestra percepcion, y que para conocerlos necesitamos un procedimiento discursivo; pero si bien se observa, en esa intuicion de nuestros fen?menos internos hallamos la representacion, aunque imperfecta, de lo que se verifica en inteligencias de un ?rden superior. Aqu? tenemos en cierto modo ideas-im?genes, pues que no cabe mejor im?gen de un pensamiento que otro pensamiento, ni de un acto de voluntad que otro acto de voluntad. De esta suerte conocemos ? los esp?ritus distintos del nuestro, por una especie de intuicion n? inmediata sino mediata, en cuanto se presentan en nuestra conciencia como la im?gen en un espejo.
[86.] La comunicacion de los esp?ritus por medio de la palabra, y por otros signos convencionales y naturales, es un hecho de experiencia, ?ntimamente ligado con todas las necesidades intelectuales, morales y f?sicas. Cuando un esp?ritu se ha puesto en comunicacion con otro, el conocimiento que tiene aquel, de lo que pasa en este, no es por meros conceptos generales, sino por una especie de intuicion, que aunque mediata, no deja de ser verdadera. El pensamiento ? el afecto de otro, que entran en nuestro esp?ritu por medio de la palabra, excitan en nosotros un pensamiento ? afecto semejantes ? los del esp?ritu que nos los comunica. Entonces, en la conciencia propia, no solo conocemos sino que vemos la conciencia ajena: siendo ? veces tan perfecta la semejanza, que adivinamos todo lo que se nos va ? decir, desenvolvi?ndose en nuestro interior la misma serie de fen?menos que est?n verific?ndose en el esp?ritu, con quien nos hallamos en comunicacion. As? sucede cuando decimos: «comprendo perfectamente lo que V. piensa, lo que quiere, lo que intenta expresar.»
[87.] Esta observacion me parece importante para dejar fuera de duda que en nuestro esp?ritu, independientemente del ?rden sensible, hay conceptos, n? vac?os, sino que se refieren ? objeto determinado. El que se nos trasmita el conocimiento del ?rden de los fen?menos intelectual puro, por medio de la palabra ? de otro signo, no destruye el car?cter de la intuicion: pues que se reunen todas las condiciones necesarias, cuales son: la representacion interna, y la relacion de esta ? un objeto determinado que nos afecta.
[88.] De esta an?lisis de hechos ideol?gicos, cuya existencia no se puede poner en duda, resulta demostrada la falsedad de la doctrina de Kant, de que solo hay en nuestro esp?ritu intuiciones sensibles, as? como la no existencia del problema del fil?sofo aleman sobre si es posible ? n? que ? otros esp?ritus les sean dados los objetos en una intuicion diferente de la sensible. Este problema se halla resuelto en nosotros mismos; puesto que la atenta observacion de los fen?menos internos y de la rec?proca comunicacion de los esp?ritus, nos ha dado ? conocer no solo la posibilidad sino tambien la existencia de intuiciones diferentes de la sensible.
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